La mayoría de las personas, incluidas las personas transexuales, se identifican como “hombre” o “mujer”. Pero hay quien no encaja en ninguna de estas dos categorías: son las personas de género no binario.

Algunas de estas personas pueden sentirse en algunos aspectos hombre y en otras mujer. Otras, se saben pertenecientes a un género distinto que no es ninguno de esos dos. También hay quien no se siente identificado con ningún género, o cuya identidad de género fluctúa en el tiempo.

Las personas de género no binario no son nada nuevo: las identidades no binarias han sido reconocidas en diferentes culturas a lo largo de la historia. Pero hasta hace relativamente poco no han comenzado a visibilizarse de una manera más clara y contundente en nuestra sociedad.

Su mayor presencia en diferentes ámbitos y principalmente en los medios de comunicación, ha provocado en paralelo cierta confusión en algunos sectores de la población, incluido en ocasiones el colectivo LGTB.

En realidad, no es necesario entender lo que significa ser persona de género no binario para respetarlo. Todas las identidades, incluidas las más desconocidas, merecen la misma consideración: el derecho a existir y a ser tal cual son.

Esto implica actitudes tan sencillas como preguntar el nombre con el que quiere ser reconocido, los pronombres que le hacen sentir más cómodo, respetar la forma de vivir y vestir de cada uno, hablar con personas no binarias para aprender más sobre quiénes son y escuchar la historia que tengan que contar.

Renunciar a las categorías absolutas en cuanto al género puede hacerse difícil para muchas personas. Pero tener una mirada de respeto y aceptación de quién es el otro, es algo al alcance de muchos más.

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